A veces, una landing sólo necesita recibir una consulta de manera fiable. Otras veces, ese mismo formulario inicia un proceso que requiere validación, persistencia, integración, seguimiento, permisos y trazabilidad.
La interfaz puede parecer similar. La arquitectura no lo es.
Antes de decidir qué construir, analizamos el proceso de negocio que comienza detrás de cada interacción: qué información circula, quién debe intervenir, qué decisiones deben tomarse, qué integraciones son necesarias y qué nivel de trazabilidad requiere el sistema.
Por eso no dimensionamos la infraestructura por la cantidad de campos, sino por lo que debe suceder después de que una persona presiona «Enviar».
No agregamos complejidad para demostrar capacidad técnica. Tampoco consideramos resuelto un proceso importante sólo porque los datos hayan sido enviados.
Diseñamos cada solución desde el proceso hacia la tecnología: ni más ni menos.